CUESTIONARIO
DEL LIBRO HISTORIA GENERAL DE MÉXICO
(Pag.
121-129)
1.
¿Como se transformo el gobierno de Nueva España después de las dos audiencias?
A
la llegada de el primer virrey Antonio de Mendoza a Nueva España en 1535
terminaron las funciones de la segunda audiencia que era dirigida por el obispo
de Santo Domingo Don Sebastian Ramirez de Feudal.
Anteriormente
la audiencia era la suprema autoridad representante del rey Español en la Nueva
España pero debido a la gran corrupción de los integrantes de la primera
audiencia el rey resolvió mandar a un solo representante que llevaría entre
otros tirulos el de virrey y seria la máxima autoridad.
El
poder principal correspondió a los virreyes, que presidian la Audiencia,
dirigían el ejército, nombraban funcionarios, hacían ejecutar decretos y
respetaban la legislación, adoctrinaban y protegían a los naturales, hacían las
obra públicas. Estaban asistidos por funcionarios como capitanes generales,las
propias audiencias y los gobernadores, hacían justicia, entre otras funciones.
El
poder del virrey se equiparó al de un monarca en pompa y ceremonia; sus
funciones indicaban que era un representación encarnada de aquél, de la nobleza
y dueño de resolver por cuenta propia.
2.
¿En que consistieron las medidas tomadas por los siguientes virreyes?
Luis de Velasco:
3.
¿Que formas de trabajo se instituyeron en la Nueva España bajo el gobierno
virrerinal?
Política
económica de España.
La política económica seguida por España
en la Colonia se caracterizó por obstaculizar el progreso lógico en todos sus
aspectos: estableció el régimen de propiedad privada de la tierra e impulsó el
latifundismo en sus formas laica y eclesiástica; implantó un sistema de
prohibiciones con respecto a ciertos cultivos; favoreció el monopolio y el
estanco como medios de impedir el libre comercio; protegió a la industria
metropolitana evitando la creación de una industria nacional y monopolizó el
tráfico del comercio con el exterior.
La agricultura.
La base de la alimentación en esta época
fueron los cultivos indígenas: el maíz, el fríjol y el chile, que se producen
en casi todo el país.
Muy importante también fue el cultivo del
maguey de pulque, pues la embriaguez se extendió de manera alarmante entre los
autóctonos después de la Conquista.
En cambio los conquistadores aclimataron
nuevas plantas: el trigo, que prosperó en las tierras templadas y frías; el
plátano, el arroz y la caña de azúcar se extendieron en la tierra caliente. La
plantación de árboles frutales traídos de España se difundió rápidamente, aun
entre los nativos, debido a los misioneros.
Ganadería.
La caballada y el ganado vacuno, traídos de
España, se propagaron rápidamente. Lo mismo ocurrió con la cría de ovejas,
cerdos y gallinas, aún entre los conquistados.
A fines del Siglo XVI existían manadas de
toros y caballos sin dueño. Se inició también un comercio muy intenso de ganado
vacuno y de productos de los mismos. Los cueros se enviaban a España con el
objeto de aprovecharlos en las industrias.
La minería.
Fue ésta la actividad más importante de la
Nueva España, debido a que el concepto de riqueza de la época se basaba en la
cantidad de metales preciosos que poseyeran tanto los pueblos como los
individuos. Otros factores favorecieron el desarrollo de la minería: La mano de
obra muy barata o gratuita de los esclavos; los privilegios concedidos al
gremio de los mineros; el interés de la Corona por el Real Quinto que percibía
y la no intervención de la Iglesia en los negocios de minas.
El sistema de patio: A fines del período
colonial la minería estaba floreciente. Una de las causas de ese desarrollo fue
el descubrimiento hecho en Pachuca en 1554, por el sevillano Bartolomé de
Medina, del beneficio de los minerales de plata por medio de la sal y el
mercurio. Este sistema llamado de patio o amalgamación, facilitó la extracción
de la plata e hizo costeable la explotación de minerales de baja ley, dando
origen a la fundación de numerosas haciendas de beneficio.
Otro invento notable fue el de la
capellina, que era un cono de metal que servía para impedir la salida a los
vapores de mercurio, obteniéndose una economía de este metal, su autor fue Juan
Capellán, minero de Tasco.
La industria.
Todas las leyes dictadas por el Consejo de
Indias en materia de industria tuvieron un carácter prohibitivo para la Nueva
España.
No se permitió la fabricación de vinos, ni
la elaboración de sedas. Al efecto se mandaron destruir inmensos plantíos de
caña de azúcar, de vid y de moreras.
Si a lo expuesto agregamos que la técnica
usada era rudimentaria, pues los peninsulares, al pasar a América, implantaron
en estas nuevas tierras las formas más retrasadas de trabajo, lastre del
decadente feudalismo en que se debatía España.
La Corona Española no ahogaba las
iniciativas de producción industrial, sino las frenaba para que ellas se
mantuvieran en nivel que a ella convenía.
Los obrajes. Las industrias carecieron de
capitales que permitieran la introducción y renovación de maquinaria. Las
primeras fábricas que hubo en México recibieron el nombre de obrajes. La vida
que llevaron los trabajadores era verdaderamente espantosa. Se les mantenía
presos por deudas, se les azotaba por la menor falta hasta matarlos a golpes, y
sin darles casi de comer, se les encerraba en piezas subterráneas, mezclados
con criminales. Todo esto a pesar de que las leyes lo prohibían.
Los gremios. El taller artesano de
españoles, en cambio, disfrutó de privilegios. Estaban agrupados, por la
religión, en cofradías, bajo el patronato de algún santo; por la ley, en
gremios. Cada oficio tenía el suyo, minuciosamente reglamentado por medio de
ordenanzas que prohibían, entre otras cosas, admitir como miembros a los
indios, negros y mulatos.
4.
¿Como se organizo la economía?
El
trabajo:
Los
sistemas de trabajo empleados por los españoles en la agricultura y la minería
fueron: la encomienda, el repartimiento y el peonaje.
La
encomienda significó el reparto de indígenas entre los conquistadores, a fin de
que ellos se encargaran de cristianizarlos y de protegerlos, a cambio de
utilizar sus servicios. A pesar de este espíritu humanitario de la encomienda,
la explotación de los autóctonos fue sistemática y las violaciones constantes,
pues frecuentemente los encomendaderos alquilaban a “sus” indios para el
peligroso y agotante trabajo de las minas.
A
pesar de las disposiciones reales para acabar con la encomienda, los
encomendadores lograron su perpetuación hasta por cinco vidas. Sin embargo, la
encomienda empieza a perder importancia a fines del Siglo XVI, mas no como
resultado de las leyes ni del espíritu justiciero de algunos españoles, sino
por la introducción de otro sistema de trabajo más agotante y más perjudicial
para la población indígena: el repartimiento.
El
repartimiento consistía en la facultad que tenían los alcaldes mayores de sacar
de pueblos de indios toda la gente que fuera indispensable para atender al
cultivo de los campos propiedad de los españoles y el trabajo de las minas
durante el término de una semana. Este trabajo tenían que desempeñarlo en
lugares distantes de sus pueblos, a jornadas de dos a tres semanas; prestar
servicio en minas y campos, para regresar con sus familias hambrientos,
miserables y enfermos.
El
peonaje puso fin a la encomienda, pues el indio encomendado se convirtió en
peón de las haciendas (laicas y eclesiásticas), de las minas y de los obrajes.
No
obstante que el encomendado se transformó en peón, en realidad continúo en una
situación de servidumbre, debido a que su salario era tan miserable que no
pasaba de dos reales diarios, apenas suficiente para no morirse de hambre. Para
el indio la situación no cambió. Las jornadas de trabajo continuaron siendo no
menores de doce horas diarias (de sol a sol); y como persistió la costumbre de
adelantarles hasta veinte pesos anuales, en realidad hipotecaban sus vidas,
pues a eso equivalía su calidad de peones acasillados en las haciendas.
Además,
en algunos lugares se permitió que las haciendas tuvieran una especie de cárcel,
llamada “tlapizquera”, en donde, con el pretexto de cuidar y vigilar a los
indios, se les encerraba para evitar que buscaran un trabajo más remunerativo.
Con
el fin de evitar estos abusos, el Virrey Matías de Gálvez expidió, en 1785, un
Reglamento de Ganadería, prohibiendo a los hacendados y dueños de reales de
minas que se prestara a los indios, por cuenta de sus salarios, más de cinco
pesos.
Desgraciadamente,
a pesar de que las leyes eran claras, no se cumplían. Se ordenaba pagar en
moneda y en propia mano, pero en haciendas, minas y obrajes existió la fatídica
tienda de raya, donde el peón, en lugar de dinero, recibía artículos de ropa,
alimentos y aguardiente a elevados precios, motivando que el trabajador siempre
estuviera endeudado con el patrón.
Los
peones de minas durante el Siglo XVII tuvieron un salario de dos a cuatro
reales diarios, además del derecho al beneficio de partido, que consistía en
poder trabajar más tiempo después de cumplir su jornada de doce horas para
obtener una parte del metal extraído. Las ordenanzas de 1770 suprimieron en
definitiva los “partidos”, con el consiguiente descontento de los trabajadores,
que provocaron tumultos y sublevaciones entre los mineros del Cerro de San
Pedro, en San Luis Potosí y en Real del Monte.
El
peón de industria no sufrió menos. Los obrajes parecían oscuras cárceles, sin
ventilación, ni higiene; los peones se aglomeraban adentro sin derecho a salir
a la calle, excepto los casados, que sólo lo hacían los domingos.
Organización
de la Hacienda Pública:
La
Real Hacienda se encargaba de controlar los ingresos y egresos del gobierno de
la Colonia. Para ello dispuso de un complicado mecanismo de Oficiales Reales,
los cuales controlaban la percepción de impuestos, la llegada de los barcos de
España, la salida de los mismos, el funcionamiento de las industrias y el
comercio, así como el reparto de lo ingresado en las Cajas Reales.
Ingresos.
La fuente principal de ingresos eran los derechos reales sobre el producto de
las minas (el Real Quinto)
El
tributo o impuesto personal que pagaban los indios y las castas varió de cuatro
reales a un peso y cincuenta centavos y a tres pesos que pagaban en el Siglo
XVIII; estaban exceptuados las mujeres, los niños, los caciques, los enfermos y
los milicianos. Lo más duro de este impuesto era que debían pagarlo por partida
triple: al Rey, al cacique y al encomendero.
Otras
fuentes de ingresos para la Corona fueron: la venta de empleos, los impuestos
sobre sueldos civiles, los diezmos y los estancos de que ya hablamos.
El
clero estaba exceptuado de pagar impuestos.
Impuestos
al comercio. Los principales impuestos mercantiles fueron: el derecho de
avería, el almojarifazgo y la alcabala. El primero consistía en el pago de
gastos de los buques reales que escoltaban las flotas; el segundo era el pago
por entrada y salida de mercancías, y el tercero era otro pago a razón del 10%
sobre el valor de las mercancías que llegaban a España por la primera venta que
de ellas sé hacia; en la colonia sólo se pagaba el 6%.
La
amonedación. En 1536 fundó el Virrey Mendoza la Casa de Moneda, en la que se
acuñaba plata y cobre, y desde 1675 se acuñó oro. Esta institución era la más
grande del mundo y las monedas llamadas del “cuño mexicano” circulaban por toda
la tierra.
Las
monedas de plata fueron de a peso (onza de plata), de cuatro reales, dos
reales, un real (1/8 de onza) y medio real.
Envíos
a España y los situados. Hacia el último tercio del Siglo XVII los ingresos
anuales de la Real Hacienda ascendían a veinte millones de pesos y los egresos
se distribuían entre las remisiones a España (siete millones), otras para
sostener varios establecimientos coloniales de Asia y América que no alcanzaban
a cubrir sus gastos (situados), y que ascendían a unos tres millones, y el
resto, o sea diez millones, para la administración de la Colonia entre gastos
de guerra, pensiones, sueldos, cárceles y otros gastos.
Condiciones
económicas de los diversos grupos sociales:
Los
mestizos y castas. Producto de español e india los primeros y de las demás
sangres los segundos, tenían una condición muy especial, pues mientras eran
denigrados por los blancos, se sentían superiores a los indios, a quienes
explotaban y tiranizaban. Algunos se dedicaban a la ganadería, a las armas, o
bien a servir como artesanos o peones en las haciendas, la mayoría residía en
las ciudades, donde formaban la plebe, conocida como léperos, “pelados”, etc.
Las
castas pagaban tributo y se les marcaba para que jamás abandonaran su
condición. Por ello vivían en un constante estado de odio hacia los blancos.
Los
criollos eran los hijos de españoles nacidos en la Nueva España, formaban el
sector más importante e ilustrado de la Colonia. La política de la Casa de
Borbón, que consideró a los países de América como verdaderas colonias, apartando
del gobierno de las mismas a los nacidos en ellas, para tenerlos sujetos,
contribuyó a enemistar a este sector criollo, tanto de los peninsulares como de
la metrópoli.
La
situación de los criollos fue muy difícil. Resultaban ser personas acomodadas
cuando por derecho de primogenitura recibían cuantiosas herencias, si eran
hijos menores se dedicaban a las profesiones más lucrativas de la época, como
eran la carrera eclesiástica (donde ocupaban puestos secundarios), la abogacía,
la medicina o la profesión de las armas, siempre estaban alejados de empleos de
mando y bien retribuidos y aun eran desplazados de los centros comerciales.
Los
puestos públicos que podían ocupar los criollos eran los del Ayuntamiento, bien
por haber sido heredados (regidores perpetuos), o bien por haber resultado
electos (regidores electivos) Tal situación les permitía cierta injerencia en
los asuntos gubernamentales, donde se daban cuenta de la pésima administración
que había.
Esta
subordinación de los criollos a los españoles dio origen a una protesta que el
Ayuntamiento de la Ciudad de México hizo ante el soberano en 1771, condenando
la situación y sosteniendo que los criollos debían ser preferidos en los
empleos de la Nueva España, pues lo contrario traería la ruina del reino.
Los
peninsulares eran los españoles nacidos en Europa, y sólo venían a la Nueva
España a enriquecerse. Formaban el sector privilegiado y constituían la
minoría. En cambio, eran dueños de las fuerzas productoras y ocupaban los
principales puestos en la administración, del ejército y de la iglesia. Sus
riquezas, sus fueros y privilegios hicieron de ellos el grupo adicto a la
dominación española, que se hizo odioso para los demás grupos sociales.
5.
Principales actividades económica:
Agricultura
Ganadería
Minería
Industria
Comercio






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